Que el té rojo tiene propiedades diuréticas ya lo se sabía pero ahora también va a ayudar a dejar de fumar. O lo hará en un futuro, cuando un preparado especial de esta infusión y la vareniclina –un nuevo fármaco para olvidarse del cigarrillo que se comercializa hasta ahora en formato de pastillas– se convierta en el refresco de moda entre los fumadores.
La joven investigadora de la Universidad de Santiago (USC) Clara Fernández Querejazu, de 24 años, es la dueña de esta original idea que nació hace dos años cuando ella misma quiso dejar de fumar. “Ningún producto de los que hay en el mercado satisfacía la necesidad que tenía; por eso se me ocurrió la idea de crear una bebida sin nada nocivo, accesible a todos y que no contuviese nicotina”, explica Fernández. Precisamente, optó por apartar de su proyecto ese producto que si aparece en parches, chicles o inhaladores creados para dejar el vicio porque así se pierde “la dependencia”.
Lo curioso del producto que defiende la bióloga es la utilización de té rojo, una bebida cada vez más famosa y presente en el mercado, mezclada con aguas o zumos variados. La vareniclina no deja de ser un medicamento por lo que la infusión puede convertir su sabor en “algo agradable”. “Yo buscaba algo que no cansase, que no fuese dulce; el té verde, por ejemplo, no tiene un sabor demasiado agradable y me pareció que el rojo es del gusto de un mayor porcentaje de gente”, aclara la investigadora.
Las propiedades adelgazantes también dieron peso a esta idea entre otras muchas que la joven presentó en la Facultad de Biología de Santiago. Una de las preocupaciones de algunos fumadores es que dar su última calada pueda costarle unos kilitos de más, por lo que con esta bebida pueden olvidarse de engordar, ya que el té es un potente diurético, que ayuda a eliminar toxinas.
Fiel al proyecto
Aunque todavía no ha recibido ofertas de grandes multinacionales, Clara Fernández cree que no aceptaría tan fácilmente. Ella quiere hacer suyo un televisivo eslogan. El fumar se va a acabar parece ser la máxima de esta recién licenciada. Su objetivo es “buscar un trabajo para vivir y seguir investigando con una mayor infraestructura económica y personal”. ¿Podría resistirse a una importante suma de dinero? La investigadora confía en su original idea e insiste: “Soy bióloga y me gusta investigar, no me movería tanto por el dinero pero nunca se sabe lo que se puede hacer ante determinadas circunstancias de la vida”.
Todavía no se sabe si la bebida llegará al súper o a la farmacia de la esquina, pero, en cualquier caso, antes de salir a la venta –tras un largo proceso de investigación y mejora– “habría que realizar ensayos clínicos y conseguir que el Ministerio de Sanidad lo aprobase”. En cuanto a la patente, “no siempre te conviene porque después todo el mundo tiene la receta de tu producto”, finaliza Fernández.
Fuente: Sonia Dapena / Xornal.com