Dan Hoyt prefiere que le llamen chef más que gurú de la raw food, conocida en España como comida crudivegana o crudivorismo. Es uno de los mayores expertos en este tipo de alimentación. Viaja por el mundo dando cursos y aconsejando a los que van a abrir un nuevo negocio. Ahora está en Madrid por la próxima apertura del restaurante Crucina en Malasaña.

Pregunta.— Esta forma de comer es una filosofía de vida.
Respuesta.— Es una forma de vida. Hablar de una filosofía de vida no es algo natural, una idea no es natural. El concepto es el siguiente: no metas nada en tu cuerpo que no provenga de la naturaleza. Sólo alimentos frescos. Nada que haya sufrido proceso químico alguno, ni tenga conservantes.

P.— ¿Cómo empezó usted con todo esto?
R.—Tenía una amiga que siempre estaba enferma. Empezó a hacer un ayuno especial para limpiar el organismo de toxinas. El resultado fue tan asombroso que la siguiente vez también yo lo probé.

P.— ¿Y qué pasó?
R.—Fue increíble: perdí peso,mi piel cambió, me creció el pelo y las uñas, mis ojos estaban más limpios y mi mente más clara. Me sentí como Superman y sólo quería continuar.

P.— Y lo cambió todo.
R.—El problema siguiente es que a partir de entonces ya no sabía qué comer. Lo crudo era lo único que no tenía conservantes, ni química, ni nada artificial.

P.— Se metió hasta el fondo.
R.—Claro. En realidad no sabes que estás enfermo hasta que estás completamente sano. Si te pregunto si estás sana, ¿qué me dirías?

P.— Que sí.
R.—Pues que sepas que hay diferentes niveles de sentirse realmente bien. Casi todos estamos algo enfermos por culpa de la comida.

P.— Dicen que ha ayudado a cambiar el concepto de raw food.
R.—La gente que empezó a enseñar sobre esto estaba entusiasmada con hacer entender los efectos científicos de esta alimentación pero no tenían el gusto para crear deliciosos platos. Por eso no se hizo popular, la comida no sabía demasiado bien. Quizá la comieras si querías curarte, pero no la disfrutabas.

P.— Y ahí entró usted.
R.—Introduje la idea de crear asombrosos sabores, introducir picantes, especias, hierbas y crear sugerentes combinaciones con alimentos que todo el mundo conocía. Llamé a las cosas por su nombre para que la gente supiera lo que estaba comiendo. Cambié el concepto y la presentación de esa comida. Podías disfrutarla igual aunque no fueras vegetariano. Y ahora traigo ese concepto a España.

P.— ¿Cree que aquí tendrá éxito?

R.— De momento los vegetarianos que conozco están siempre llenos. ¿Por qué no iban a probar esta novedad?

P.— Para comer así hay que estar todo el día en el mercado o tener un huerto en el jardín.
R.—La gente va al mercado todos los días. Es cocinar de forma diferente. La idea es que cuanto más fresco, más saludable.

P.— ¿Cuánto hace que no se pone enfermo?
R.—Unos 12 años, sin ningún resfriado, ni pérdida de días de trabajo (se ríe).

P.— ¿Cuál es su máxima?
R.—Comer todo lo que pueda de alimentos crudos y cuando viajo hago lo que pueda.

P.— Veo que no es un talibán de esta alimentación.
R.—No, nome preocupa que pueda morir de cáncer por haber tomado un poco de pescado. Se sabe que lo más pernicioso para la salud es el estrés y si te vas a estresar por lo que comes no creo que vayas a ayudar mucho.

P.— ¿Me puedo considerar una crudívora si como más del 60% de la comida cruda?
R.—No me gusta poner etiquetas a nada. Prefiero que la gente sea simplemente consciente de lo que se lleva a la boca. Que lean lo que contiene lo que están comiendo.

P.— Dígame un mito del crudivorismo que sea falso.
R.— Quizá que para obtener el máximo beneficio el 100% de lo que comas tiene que ser crudo. Creo que se puede cambiar poco a poco y ya lo irás notando.

P.— ¿Y seré más feliz?
R.—(Se ríe) Sí, y parecerás más joven y más sexy. Pero es cierto que el cambio es asombroso cuando la gente lleva un año alimentándose de esta forma. Parecen más vivos, más radiantes, están más relajados y van haciendo cambios. Cambian de trabajo, se salen de la ciudad. Te planteas la vida que llevas.

P.— ¿Cuánto duerme?

R.—Antes dormía ocho o nueve horas. Ahora cuatro o cinco y tengo muchísima energía.

P.— ¿No está usted todo el día hambriento?
R.—Cuando estoy fuera de casa me doy cuenta de que tengo más hambre. Cuando como alimentos crudos me siento satisfecho en seguida porque tienen muchos nutrientes.

Fuente: Beatriz Pulido / El Mundo

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