Si hablamos de hoteles de lujo, uno de los primeros que nos viene a la mente es el hotel Ritz donde ya hemos estado en alguna ocasión. La semana pasada tuve la suerte de disfrutar del té de la tarde en el Ritz de Madrid y os puedo asegurar que fue una experiencia de las que me gustaría repetir a diario, si las múltiples obligaciones que tengo me lo permitieran.

El té de la tarde del Ritz se ha convertido en toda una institución que se celebra a diario en el lobby del hotel, mientras los clientes se relajan con las notas del pianista que toca en directo piezas clásicas y otras más modernas de corte tradicional. El servicio de camareros es esmerado y en todo momento están pendientes de las necesidades de los comensales, de hecho en nuestro caso nos atendió Carmen, que nos explicó cómo hacían los diferentes alimentos que incluía la merienda y nos aconsejó la mejor manera de disfrutar de todas las viandas.

El té del Ritz incluye una taza del té que más te guste (o un café, para los amantes de la cafeína) y una completa bandeja de varias plantas en las que se superponen pastas, bollería y sandwiches con los famosos scones, un bollito típico inglés que se ha convertido en el buque insignia de las meriendas.

Los tés del menú son Earl Gray, Darjeeling, Jasmine, Ceylon, Pu-Ehr, Orange Peoke y Sencha Makoto, y existe la posibilidad de tomarlos con leche ya que junto a la tetera hay una lechera con la temperatura que deseéis. Eso sí, en verano nos recomiendan infusión de menta con hielo pilé para combatir las altas temperaturas exteriores.

Las pastas que ocupan la parte superior de la bandeja están buenísimas, si no están preparadas en el día al menos lo parece y los scoones, que podéis ver en el piso inferior, están espectaculares cuando los acompañas con la crema y la mermelada que te ponen. Los camareros nos explicaron cómo para realizar la crema se necesitan al menos 48 horas hasta que está en su punto y que hay personas que se acercan al Ritz simplemente para probar los scones, una delicatessen que no puede faltar en las meriendas de los entendidos.

La última parte de la bandeja están los sandwiches, preparados en el momento, de diversos sabores diferentes y que combinan a la perfección con el té negro que nos sirvieron. Si sois de los que huís de las mezclas de dulces y salados, podéis merendar solo a base de uno de estos sabores aunque os perderíais una comida exquisita.

En resumen, la experiencia de tomar el té con pastas en el Ritz es algo que recomendaría a todo el mundo. Simplemente permanecer en el lobby te traslada a otra época y es fácil sentirte en una película de Hollywood gracias al esmerado servicio, los comodísimos muebles y la música de ambiente en directo. ¡Además todo lo que ponen está delicioso!

Fuente: Embelezzia

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