Cualquier hora del día es un buen momento para preparar una taza de té y dejarnos deleitar con su aroma y sabor. Para muchos es casi un ritual llegar a casa, buscar esa taza que más nos gusta y esperar a que se caliente el agua. Hay una gran gama de variedades para elegir, pero existen cuatro tipos principales de té: blanco, verde, rojo y negro. Un poco más, un poco menos, todos tienen buenas propiedades nutricionales.

El té aporta antioxidantes como los polifenoles, flavonoides, catequinas, que cuidan tu cuerpo y previenen las arruguitas prematuras. Sólo una taza de té aporta alrededor de 200 mg de flavonoides.

En sus distintas variedades son astringentes a raíz de los taninos que contienen y que le dan su característico sabor -muchas veces amargo-. Y son considerados también muy buenos diuréticos, ya que ayudan a la eliminación del exceso de líquidos.

Además del aporte de flúor, entre los minerales que encontramos en el té se destacan el calcio, el potasio y el magnesio. En tanto, es mínima la presencia de vitaminas (del grupo B y provitamina A) en el té, pero igualmente enriquecen esta infusión.

Si le añadimos poca o ninguna cantidad de azúcar, obtendremos una bebida que, con pocas calorías, nos aportará una agradable sensación de saciedad.

No te olvides que como el café, el té es una buena bebida estimulante (contiene cafeína, teína y teobromina) y contribuye a despejar la mente y a despertar el cuerpo si su consumo es adecuado. Si disfrutas del placer de unos minutos a solas, calienta el agua, busca esa taza adorable y elige el té que más te gusta!

Variedades

Té blanco. Hojas jóvenes (brotes nuevos del arbusto) que no se han oxidado. Su color se debe a la utilización de las yemas aterciopeladas de la planta. Difícil de encontrar, de aroma fino y con un sabor suave y delicado. Con miel, adquiere un delicado dulzor.

Té verde. No fermentado, la hoja se seca al fuego. Este té es templado y más fresco en el sabor que otros tipos de té. No se debe preparar con agua hirviendo, ya que sale demasiado amargo. Posee grandes propiedades antioxidantes.

Té rojo. Semi-fermentado, se obtiene a partir de las hojas que se secan al aire libre durante un periodo breve de tiempo para controlar su fermentación. Es una infusión de un intenso tono marrón rojizo. Se complementa bien con canela, limón o vainilla. Posee efectos digestivos, diuréticos, antiinflamatorios y desintoxicantes.

Té negro. Fermentado, a partir de hojas secas que se dejan fermentar y se vuelven a secar. Es el más aromático. Posee propiedades astringentes, estimulantes, diuréticas y antioxidantes.

Aromatizados. Toman como base las variedades puras y se fermentan junto a frutas, especias o flores.

Fuente: Graciela Ravazzani / Vos

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