Las vacaciones estivales son una de las épocas del año que impulsan a más personas a empezar un régimen de adelgazamiento. Hasta ahora, los sistemas seguidos para perder peso se basaban, en diversas proporciones, en las dietas y el ejercicio físico. En esta línea, los investigadores de la Universidad Clemson, en Carolina del Sur (Estados Unidos), han desarrollado un aparato para ayudar a los interesados a mejorar su silueta. Se trata del Bite Counter, es decir, un contador de bocados que avisa al cliente cuando excede el límite de comida que debería tomar. Se presenta como un reloj de pulsera, como los tradicionales podómetros, que sirven para calcular el número de pasos que da el sujeto que se lo ha puesto, la distancia recorrida y las calorías quemadas por él.

Pese al ahínco con que lo defienden sus promotores, al utensilio le están lloviendo las críticas en numerosos foros y weblogs de tecnología, sobre todo por caro e inútil. El dispositivo, que comienza a funcionar al inicio de cada comida, memoriza las veces que el individuo que lo usa se lleva algo a la boca. La clave está en el movimiento de los brazos de los consumidores. Los científicos que lo han diseñado, dirigidos por los profesores de Psicología Adam Hoover y Eric Muth, aseguran que el valor final de las operaciones tiene un 90% de precisión. Y es que ciertas acciones pueden despistar al Bite Counter, por ejemplo limpiarse con la servilleta, ajustarse las gafas y, especialmente, comer con ambas manos. De momento, no hay modo de que la máquina concrete cuánto engorda cada alimento masticado.

Para averiguar la cantidad aproximada de calorías entra en juego una fórmula similar a la empleada por los podómetros. Tras superar la cifra máxima de bocados establecida, el contador hace sonar una alarma, que no se detiene mientras no se interrumpa la ingestión. Los datos obtenidos en cada operación pueden pasarse a un USB para someterlos a un análisis de resultados más exhaustivo. Hasta que se venda abiertamente –tras el verano–, el dispositivo solo está al alcance de los profesionales y académicos, previo pago de 799 dólares (559 euros) a través de la página web de la empresa creada con este objetivo por la Universidad Clemson, Bite Technologies.

Fuente: La Vanguardia

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