A las 22:20 horas, el autobús del Madrid abandonó El Toralín jaleado por un millar de leoneses y bercianos orgullosos de sus dos equipos. El Madrid dio la cara, con Cristiano y Kaká, ante una Deportiva que vivió una noche para el recuerdo.

Dignos campeones. El Madrid de Mourinho empezó la defensa de la corona de la Copa del Rey a lo grande. Acudió a Ponferrada, ciudad espléndida con un Castillo de los Templarios que representa el espíritu de esa Deportiva que luchó hasta la extenuación en busca de ese sueño inviable llamado alcorconazo. Los blancos dieron la cara, presentaron dos Balones de Oro en El Toralín (Cristiano y Kaká) y terminaron dibujando un triunfo trabajado ante un rival que dignificó el espíritu de la tierra que los vio nacer: leoneses con garras. El Madrid no va a tirar un solo título esta temporada. Mou lo tiene claro y su convocatoria de alto standing fue un mensaje a una plantilla que ya ha captado el e-mail de su jefe: la Copa mola. Como dijo en la víspera el portugués: «No me cambio por nadie». Yo tampoco, míster.

Club ejemplar. La excursión a esta tierra minera de la cuenca leonesa sirvió para constatar que la religión blanca sigue ganando adeptos pese a las circunstancias dolorosas derivadas de los últimos Clásicos. Para empezar, tanto el técnico (gran Claudio Barragán), como el presidente (José Fernández) y el alcalde (Carlos López Riesco) respiran merenguismo por debajo de esa camiseta gloriosa y blanquiazul de la Deportiva. El Toralín fue una fiesta, con 9.000 bercianos entregados a la causa para disfrutar de una noche histórica para este club manejado de forma modélica. Les doy un ejemplo. Aquí el que más cobra recibe 70.000 euros al año (antes de impuestos) y por subir a la Liga Adelante la prima es de ¡4.000!

Detallazo. Se hace camino y madridismo al andar. Durante la mañana, Mourinho y los jugadores salieron de sus habitaciones del Hotel Celuisma y se pasaron un rato firmando autógrafos a la chavalería que llevaba horas desafiando el frío y la lluvia que convertían el paseo por las calles de Ponferrada en un acto de fe. La afición agradeció el gesto y se notó horas más tarde en El Toralín. Vi muchas camisetas mixtas (mitad del Madrid y mitad de la Deportiva Ponferradina), gente que aplaudía a Mou al salir del banquillo, muchos aplausos a los arranques explosivos del licenciado Callejón y, por encima de todo, un reconocimiento público a Cristiano. El crack se merece un punto y aparte.

Dio la cara. En este tipo de partidos-trampa (Alcorcón, Real Unión, etcétera), lo normal es que los llamados Galácticos se quedasen en casa disfrutando del jacuzzi y el sillón ball. Pero Cristiano quería dar la cara tras su particular Waterloo del Clásico del sábado. Metió la pierna, buscó el uno contra uno, se ofreció y firmó el 0-2 de la victoria. Su gol 108 con la camiseta blanca. Dejemos que se tome la revancha a su manera. Acabará en Cibeles y lo del Barça lo veremos como un dolor de muelas, no como una enfermedad sin antídoto. Cristiano, todo volverá a su cauce chaval. Me voy de Ponferrada feliz. Gran rival, magnífica ciudad y buen partido. ¡Viva la Copa!

Fuente: Tomás Roncero / AS.com

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