A pesar de que corra una leyenda negra sobre ellas, a cerca de su gran cantidad de calorías (o sea, que supuestamente “engordan”), nada más lejos de la realidad.  Gracias a su riqueza nutricional y su aporte en fibra están indicadas en regímenes para adelgazar o “mantener la silueta”.

Ahora, durante la primavera y hasta el mes de junio están en su mejor momento. Lo ideal es comprarlas en vainas y desgranarlas justo en el momento de cocinar. Si, ya sé que puede dar algo de pereza, pero de esta manera se conserva mucho mejor su contenido en nutrientes.

Las habas frescas son ricas en proteínas, hidratos de carbono y agua.  Contienen vitamina A (en forma de betacaroteno), vitamina C, B-1 (tiamina) y B2 (riboflavina). Entre los minerales que contienen cabe destacar el potasio, fósforo, sodio, calcio, hierro, yodo y manganeso. También contienen fibra y antioxidantes.

Tienen propiedades depurativas y diuréticas. Ayudan a absorber la grasa (colesterol) depositada en las venas. Gracias a su contenido en lecitina y colina son beneficiosas para “alimentar” el cerebro, lo que es ideal en épocas de exámenes, en personas que requieren un gran esfuerzo intelectual, y en personas con Alzheimer. Y como no, favorecen el tránsito intestinal.

¿Y cómo prepararlas? A nosotras nos encantan solas, estofadas con mantequilla, en puré, con verdura, arroz, en tortilla, en ensalada o salteadas con jamón.

Si la cocción la realizáis en una olla de presión aprovecharéis casi todas sus vitaminas. (Recordad que gran parte de las vitaminas hidrosolubles se pierden en la cocción con agua).

Fuente: Vivir bien es un placer

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