Costumbres españolas a la hora de comer, así nos ve un inglésNo me digáis que el título de hoy no os recuerda a los chistes de nuestra infancia que comenzaban con “están un inglés un francés y un español…

El caso es que el otro día un compañero twittero, @EstoNoEsComida, (que tiene un interesante blog homónimo, http://estonoescomida.com) difundió por este medio los contenidos de un blog británico dedicado a la cultura gastronómica española, y además de buen rollo, que con la que está cayendo no es tontería. Es decir, en el blog al que me refiero se hace difusión de recetas típicas españolas, sugerencias de tapas (ese elemento que tanto les priva a los extranjeros) garitos que en su país recogen costumbres y platos españoles, etc.

Pero lo que verdaderamente llamó mi atención del blog es esta entrada en la que se detallan seis puntos, seis (como en los toros) que destacan en nuestras costumbres a la hora de comer, al menos a ojos de este autor británico. ¿Quieres saber cuáles son los rasgos más característicos de los españoles cuando nos sentamos a la mesa, quieres saber cómo nos ven?

Lo cierto es que con muchos de los puntos que se señalan coincido bastante. Somos así, y orgulloso de que así sea. Sin embargo, el autor de nombre Jonathan, destaca algunos detalles que, o bien yo no he tenido la oportunidad de contrastar (cosa que me extrañaría porque soy de aquí de pura cepa, para lo bueno y también para lo malo) o más probablemente este inglesito ha estado en algún sitio en el que lo observado no sea extrapolable al común de los españoles. Veamos los 6 mejores hábitos de los españoles a los ojos de un inglés:

1. El uso inexcusable del pan: Según Jonathan, en las mesas españolas la cubertería se compone de cuchillo, tenedor, cuchara y pan. No puede faltar este último elemento. Comemos pan con todo, y a mí me parece que acierta. Comemos pan con el pescado, con la carne, con los guisos, pero también con platos típicamente ricos en hidratos del carbono ya sea arroz, pasta, etc. (como el propio pan). Se maravilla, esta pobre alma de cántaro (sea dicho Jonathan con todo el cariño) de incluso haber descubierto que consumimos el pan con chocolate, y no se refiere a la crema chocolateada. Chocolate de verdad, con pan de verdad. Bocata de chocolate… y flipa claro (¡ay qué rico!). Se asombra al mismo tiempo, de que en nuestro culto al pan se haya conseguido involucrar a los restaurantes chinos afincados en nuestro territorio: ¡Los restaurantes chinos en España… incluyen el pan en el menú! Pues claro Jonathan ¿qué te pensabas?

2. Los españoles comen con servilleta. Nos ha jodido, y perdón por la expresión Jonathan, te juro que me caes bien pero a mí lo que me asombra es que el hecho de comer con servilleta te asombre. Reconoces que en el Reino Unido la servilleta no es un elemento muy habitual en la mesa. Haces bien en hacerlo notar porque así, si me dejo caer por allí, no me pillarán desprevenido con este tema. Para poner en valor hasta que punto la servilleta está presente en nuestra cultura haces mención a que los bordes de vasos y copas que usamos durante una comida permanecen limpios a lo largo de toda ella y no como en el caso de los vasos y copas en las mesas inglesas que se muestran grasientos y manchados. En fin, Jonathan, ya te he dicho que me caes bien, no te voy a dar mi parecer al respecto de la apariencia de vuestra cristalería sí, como dices, estás en lo cierto. Puedes imaginártelo.

3. Los españoles bebemos agua en las comidas. ¿Sí? Ojalá bebiéramos más e hiciéramos de esta costumbre un hábito más extendido porque me da la sensación que se está perdiendo a pasos agigantados. Parece claro que frente al escaso consumo de agua como tal que se hace en las mesas británicas, el que se hace en España le llama la atención. El otro día me comentó una alumna de Enfermería que en el Reino Unido, al menos en su experiencia, los niños que ella conoció no bebían agua salvo que esta estuviera aromatizada, saborizada… (ya me entiendes) con alguna zarandaja de fresa, naranja, limón etc. ¡Qué pena!

Jonathan afirma que además es costumbre tener dos recipientes/botellas de agua en la mesa (esto es lo que no me cuadra en absoluto) uno con el agua fría y otro con agua del tiempo… y todo ello con el fin de mezclarlas ya que según él a muchos españoles no nos gusta el agua muy fría. Yo, sinceramente, no he visto esto nunca como una práctica extendida.

4. A los españoles nos gusta practicar la sobremesa. Sí amigo Jonathan sí, nos gusta comer sin perder el culo y luego además disfrutar de una buena conversación con el resto de comensales. Nos gusta por eso comer acompañados y sin que nos encorran. Nos gusta o nos gustaba, lo digo porque la actual tendencia en el reparto de los horarios patrios se está dejando influir con demasiada vehemencia por otros planteamientos noreuropeos,  a mi juicio nada deseables. Nos gusta tanto la sobremesa que no es infrecuente que en algunos días señalados, tal y como tú mismo apuntas, empalmemos la sobremesa de una comida con los aperitivos de la cena. Ya digo que no es lo habitual, pero pasa. ¿Y sabes qué? que esta es una característica, la del disfrute de una buena sobremesa me refiero, presente en el ideario original de un tal Ancel Keys cuando nombró de forma original los descriptores de la conocida como “dieta mediterránea”.

5. Los españoles comen a las 15:00. O más bien comíamos, Jonathan. Ya te digo que la escaleta de nuestros horarios diarios está siendo abrumadoramente desplazada por aquella más similar a los vuestros. No hemos llegado a comer por costumbre a las 12:00 pero camino llevamos. No me extraña que te asombre que nosotros nos sentemos a la mesa cuando casi vosotros estáis quitando la colcha de la cama para empiltraros. Ya sabes, Spain is different, y todo eso.

6. Los españoles comen con el “Telediario”. Así es Jonathan y por eso una buena parte de los “telediarios” más seguidos comienzan a las 15:00 ¿casualidad? No lo creo. Pero también habrás podido comprobar que algunos “telediarios” de algunas cadenas llevan un tiempo comenzando su emisión antes de esa hora. La explicación será, digo yo, dar gusto a todos aquellos que no queriendo comer sin “telediario” lo tienen o lo quieren hacer antes.

Mira, para ratificar de algún modo tú teoría te daré un dato. El otro día entre en un restaurante que tenía en la sala del comedor no sólo la televisión puesta sino también la radio, ambos elementos con un volumen parejo, alto en cualquier caso hasta el punto de hacer incomprensible cualquiera de los dos sonidos, además de molesto. Para mí un hecho demencial, en especial cuando el restaurante al que me refiero se presentaba a un certamen gastronómico. En este sentido he de comentarte que a mí no me gusta comer con la tele puesta, sea lo que sea que haya en ese momento.

Y ya está. El resumen de Jonathan me ha gustado bastante, puedes consultarlo íntegro en este enlace. No obstante me gustaría sacar algunas conclusiones rápidamente: A pesar de que nuestro modo de entender el acto alimentario sigue conservando algunos detalles propios y característicos de la manida dieta mediterránea los estamos haciendo desaparecer en favor de otros menos adecuados.

  • Sobre el pan, este alimento está pasando de ser un noble y respetado ingrediente de nuestras vidas a ejercer un papel de endemoniado villano.
  • Cada vez bebemos menos agua y nos hacemos acompañar más de refrescos, zumos y otras martingalas.
  • Nuestros horarios propios están desapareciendo y, a la hora de comer ya da igual que sea el “telediario” o los dibujos de  Bob esponja, el caso es que la tele ha terminado convirtiéndose en un comensal más que deja, por lo general, mudo a todos los demás… Eso si comemos con más gente, porque cada día más hay quien come “por su cuenta”.
  • Y sobre lo de la servilleta, qué quieres que te diga, llámame carca, pero me da la sensación que cada vez las buenas formas en la mesa son menos frecuentes.

Así que ya lo ves, en un pocos añitos si alguna vez te sientan con los ojos tapados en un restaurante o en el seno de una familia cuando está comiendo dudo mucho que sepas distinguir el país en el que te encuentras. Y eso, para mí, es una pena.

Luchemos por recuperar lo que hemos perdido y defendamos con cucharas y dientes lo que aún nos queda.

Fuente: El nutricionista de la general

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