El hábito de morderse las uñas, onicofagia, no es sólo una cuestión estética, puede acarrear consecuencias para tu salud. Suele tener su origen en la niñez, donde la presión que rodea al niño, puede producir estrés, y morderse las uñas puede suponer una vía de escape. Con el paso de los años, muchas personas abandonan este hábito pero es habitual que aparezcan recaídas si se vuelve a sufrir etapas donde el estrés o la ansiedad estén presentes.

En caso de que esto ocurra, y se siga realizando mucho tiempo, puede afectar en gran medida a la estructura de nuestras uñas. Eso se refleja igualmente en la capacidad para crecer, que se ve mermada, generando micro roturas, lo que provocan que crezcan de manera desigual.

Es habitual pensar que sus consecuencias se limitan sólo a nuestras manos, pero nada más lejos de la realidad. Los problemas ocasionados por mordernos las uñas se extienden también a nuestros dientes. El roce continuo que se genera entre dientes provocan un desgaste de la zona que desencadena en la pérdida de esmalte, provocando una mayor sensibilidad. Asimismo, puede provocarse una infección en nuestra boca, debido a que nuestras uñas son un foco de bacterias y hongos.

Es necesario, por tanto, eliminar paulatinamente este hábito. Una buena alternativa para ello es descubrir la causa de nuestro estrés y que nos llevan a mordernos las uñas. Otros trucos que pueden darnos un toque de atención para que poco a poco vayamos abandonando este hábito pueden ser, por ejemplo, aplicar sobre las uñas algún líquido con mal sabor o pintarselas con un color llamativo.

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