Tomar una ducha siempre es apetecible. En invierno nos hará entrar en calor y en verano nos refrescará. Además es un acto necesario para poder mantener un adecuado nivel de higiene y bienestar. Pero, al ser una acción rutinaria, muchas veces la realizamos en “modo automático”, añadiendo hábitos que no son nada beneficiosos para ti. Veamos cuáles son.

  • Ducharte durante un largo período de tiempo. Tomar una larga ducha es totalmente innecesario. No sólo por el derroche de agua que cometemos, sino también porque puede suponer un riesgo para nuestra piel. Al utilizar demasiada agua caliente para ducharnos, estaremos afectando al equilibrio de las glándulas cebáceas, alterando su humedad natural.
  • No limpiar adecuadamente tus pies. Al realizar la ducha de pie, creemos que es suficiente con dejar caer el agua para poder lavar nuestros pies. Pero nada más lejos de la realidad. No prestar la suficiente atención al lavado de nuestros pies sólo nos puede traer problemas de salud como infecciones por hongos.
  • Guardar la esponja en la ducha. Utilizar una esponja vegetal durante la ducha puede ser un buen utensilio para facilitar la eliminación de las células muertas e impurezas de nuestra piel. El problema viene cuando, una vez acaba la ducha, la dejamos en el mismo sitio. Esto puede llevar a que la esponja comience a albergar todo tipo de bacterias y hongos debido a que se almacena en un ambiente húmedo. Para evitar esto, es necesario secar bien la esponja y guardarla en un lugar seco.
  • Lavar tu pelo a diario. Si cada día aplicamos sobre nuestro pelo diferentes productos para su cuidado, al final provocaremos el efecto contrario. El uso excesivo de champú y acondicionador puede provocarnos sequedad, ya que se alteraría la hidratación natural que nuestro cuero cabelludo es capaz de segregar de forma natural. Lo recomendable es lavarlo 3 o 4 veces por semana.
  • Secar fuerte. Aunque una toalla no es perjudicial para la piel, el utilizarla para secarnos frotando con fuerza, puede dañar nuestra piel. Los síntomas más habituales serían sufrir sequedad en nuestra piel y desarrollar sensibilidad. Lo ideal es secar aquellas zonas húmedas dando pequeños toquecitos y no frotar de manera agresiva.

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