Cuando somos más jóvenes y realizamos alguna dieta para conseguir nuestro peso ideal, nos resulta más fácil conseguirlo. Pero, si has pasado de los 30 años, seguro que estás comenzando a notar que, lo que antes conseguías con menor esfuerzo, ahora te cuesta mucho más. ¡No estás sola! Es normal que esto te ocurra y en el post de hoy te mostramos qué lo puede estar causando.
  • Insulina. Si has vivido estos últimos años comiendo en exceso azúcar y con hábitos alimenticios desordenados, puede que hayas desarrollado resistencia a la insulina. Podría decirse que es un estado anterior a la diabetes. Lo que da lugar a que nuestro cuerpo sea incapaz de procesar de forma correcta el azúcar. Por lo tanto nuestro páncreas comenzará a producir una mayor cantidad de insulina para poder solucionar esta situación. Lo que tampoco beneficiará la pérdida de peso, ya que la insulina acumula grasa, por lo que a mayor cantidad producida mayor grasas acumularemos.
  • Descanso. Por el ritmo de vida que llevamos a partir de los 30 años es bastante difícil conseguir dormir las horas necesarias. Esto provoca un aumento de los niveles de cortisol, lo que se traduce en una subida de los niveles de insulina.
  • Masa muscular. Últimos estudios han demostrado que, a partir de los 30 años, nuestro cuerpo comienza un proceso natural, llamado sarcopenia, que provoca una pérdida de músculo de 0,5 kilos cada año. Al tener menor masa muscular, nuestro metabolismo se volverá más lento, ya que necesitaremos menos energía. Si quieres mantener un metabolismo activo y un cuerpo en forma, es importante esforzarse para mantener un buen tono muscular.
  • Dietas. Este punto está relacionado con el anterior. Cuando hacemos dietas exprés estamos recortando drásticamente el número de calorías aportadas a nuestro organismo. Esto le obliga a obtener la energía de nuestros musculos, reduciendo notablemente nuestra masa muscular, con las implicaciones que hemos visto que tiene.
  • Estrés. Durante los 30, vivimos una década plagada de retos que nos obligan a sacar lo mejor de nosotros. Cuidar a nuestros hijos, rendir en el trabajo o las tareas domésticas, nos ponen delante de jornadas maratonianas. Este estrés se traduce automáticamente en una mayor producción de cortisol. Esta hormona, promueve la creación de insulina, lo que provoca un aumento de peso.

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